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05 - Viaje al Sur - Distrito de los Comerciantes

December 2025

Paso al distrito comercial o "encuentro con el ganso"

Delerion se entretuvo comprando libros y un pergamino que, según el vendedor, estaba ligado a alguna orden vieja y tal vez extinta. Varka ayudó a que no nos robaran del todo con el precio de los objetos. El mercader de artefactos mágicos me ofreció un pergamino antiguo que supuestamente solo un kobold podía leer. No lo compré en el momento, pero quedó flotando la idea.

Gracias a la actuación de Zephyr —que increíblemente mostró papeles, hizo gestos solemnes y usó un “medallón” para abrir el portón que habíamos destrabado la vez pasada y que ya estaba prácticamente abierto— cruzamos la Puerta Oeste. La guardia nos dejó pasar con la advertencia de que al día siguiente no habría vuelta atrás. Del otro lado, el barrio era más rural: casas bajas, corrales, tierra.

Ahí vi un ganso bastante particular: grande, viejo, agresivo y claramente ofendido. Después de leerle los pensamientos quedó claro que el conflicto no era casual. Uno de los niños le había robado un collar. Pensé que, si había un ganso gigante y posiblemente inteligente, podía ser una buena idea ganarme algunos puntos con el animal, o con lo que fuera que realmente fuera.

Le compré el collar al niño a un precio ultrajoso y se lo devolví al ganso. No recuerdo bien cómo, pero hizo alusión a una persona con cuernos que estaba en la taberna del barrio.

Más tarde, Borgar explicó el plan real: entrar en la sede del “Gremio de Comerciantes”, que en realidad es la guarida de los contrabandistas; hablar con su jefe, Heinrich; lograr que nos recluten o, en su defecto, matarlos a todos. Desde ahí podríamos acceder a un túnel sellado que lleva a la Ciudad Alta y, con un poco de suerte, sacar a Petro de prisión. Decidimos intentar la vía menos sangrienta.

Personalmente, sigo pensando en el ganso.

Buscando a Heladio

El barrio exterior resultó ser exactamente lo que uno espera cuando todos esperan que los demás se hagan cargo de un lugar.

Borgar propuso dividirnos, así que eso hicimos. En algún momento apareció Mercion —la segunda del capitán Dementa, la que también habíamos visto en la taberna del incendio— ofreciendo información a cambio de redención. Raro.

Delerion descubrió un depósito lleno de mercancía, oro y una trampilla oculta debajo de una caja pesada. Ese detalle me llamó la atención, porque cuando alguien no se molesta en usar magia, generalmente es porque espera que nadie con suficiente tiempo y paciencia llegue hasta ese punto.

En algún momento entramos a una casa y vimos a una mujer relativamente joven, con una marca arcana en el hombro. Cocinaba y servía comida, pero no comía. Terminó hablando con Varka y conmigo. Dijo que servía a una tal Ninthra, que era una patrona feérica. No entendí si era la misma patrona que la de nuestra warlock, pero explicó —con bastante naturalidad— que necesitaba sacrificar niños. Uno cada noventa días. Siete en total para cerrar el trato. Alimentaba a chicos hambrientos, los dejaba débiles y después desaparecían, como era de esperarse. Espero que Varka no desarrolle apetito por los kobolds.

No sé en qué momento Delerion siguió explorando la cuadra y consiguió la información que necesitábamos: el departamento de Heladio y su asistente. También mencionó que había un mago preparando conjuros y que Lucent “Pichón” Redgar estaba prisionero. Todo parece estar conectado al Gremio, a unos túneles y a cosas que no empezaron esta semana.

Terminamos el día con bastante información y demasiadas decisiones pendientes: la entrada secreta, un rehén, una secta y niños en peligro. Demasiadas piezas para un solo tablero. El entramado empieza a ser confuso, y creo que voy a tener que simplificar un poco las estructuras.

El conflicto limado

Llegamos a un punto en el que nadie sabe bien qué está defendiendo, pero todos saben a quién o quiénes odian. Parece señal de que, o el sistema está funcionando como fue diseñado o que está en un punto de equilibrio inestable y una brisa lo puede reorganizar.

El Pichón Redgar sigue secuestrado y, si bien es capital político, nadie lo quiere cerca. Heladio y su asistente Gregorio quieren sacárselo de encima entregándolo a los contrabandistas; los contrabandistas no lo quieren porque dicen que es una cama de la guardia; la guardia espera anotarse unos puntos golpeando a alguien, siempre que queden bien parados los puestos jerárquicos. Todos patalean y hablan de riesgos, nadie planea buscar soluciones. Son un montón de brazos sosteniendo cómodamente el mismo problema y ninguno quiere resolver nada.

Borgar aclaró algo importante: el poder real de la forja no está en el apellido ni en el heredero, sino en el secreto técnico. El resto es todo una farsa, papel y chapa para nobles y comerciantes. La muerte del sargento (el del incendio) desordenó las cosas y ahora todos están paranoicos y a la defensiva.

Cuando hablamos con Raviel quedó claro que perdió a su contacto con la ciudad alta y desde entonces solo recibe presión: rumores, incendios, asesinatos. No va a aceptar al Pichón si no puede garantizar que la guardia mire para otro lado, aunque sea por un rato. Y la guardia, por su parte, no mira para otro lado gratis.

El teniente del colmillo limado fue más honesto de lo que esperaba. No confía en Raviel, sabe que se viene un cambio de poder y teme quedarse afuera si no actúa primero. Nos ofreció algo parecido a un trato: si le damos una excusa sólida, una conexión criminal clara, él permite el intercambio y después se encarga de barrer al contrabandista.

Delerion encontró papeles que confirman que la guardia tampoco es limpia, Borgar y el teniente tienen historia, y todos necesitan pruebas para justificar el próximo movimiento. Nadie quiere ganar pero todos quieren no-perder.

Después de todo esto, me quedó una sensación rara. El entramado es demasiado complejo para seguir empujándolo con cuidado. Cada hilo que tocamos se engancha con otros tres, y el nudo no se afloja, solo se tensa. Empiezo a pensar que para obtener resultados hay que pasar a la acción y simplificar.

Pienso que si intimido al líder de los contrabandistas —o si tiene un accidente— el equilibrio se rompe. Parece que a veces el orden solo existe porque nadie se anima a ser el primero en romperlo. Y si sale algo mal, siempre puedo intentar esconderme o prender fuego algo. La experiencia indica que eso acelera los procesos.

No sé si esto es estrategia o puro cansancio. Pero cada vez me convence más la idea de que el poder se redistribuye cuando colapsa una sección entera. Mañana veremos qué tan frágil es el hormiguero.

TBC

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