0505 - Oficina de Severino
La pelea empezó como suelen empezar estas cosas: con rayos de fuego, ataques mal coordinados y gente que no me daba bola. Estábamos Delerion, Varka, Adler, Stixx Ernesto —también conocido, por razones que no voy a intentar explicar, como “el coble” o “tío pieble”— y yo tratando de entender quién estaba atacando a quién.
En algún momento alguien lanzó un hechizo que expulsó a los no muertos hacia una esquina. Después nos concentramos en el “elito con armadura”, que parecía bastante decidido a no morirse. También hubo una llamada a los muertos y una llama sagrada que exigía una tirada de salvación de Destreza y hacía daño radiante. No sé quién la lanzó exactamente. En esa parte todos hablaban al mismo tiempo, que es una estrategia cuestionable incluso antes de entrar en combate.
La criatura empezó a desarmarse de a poco. Primero se le desprendieron los brazos, después la armadura perdió el fuego y finalmente empezó a caerse en pedazos. Mientras tanto, el esqueleto tuvo la delicadeza de atacar directamente a Merzion, aunque todavía no quedó del todo claro quién era Merzion ni por qué se había ganado esa atención.
También intentamos abrir una puerta. Adler y Stixx Ernesto probaron, pero la puerta siguió cerrada, firme en su decisión de no colaborar. Como no podíamos abrirla y tampoco convenía quedarnos demasiado cerca de la fuente del hechizo, decidimos alejarnos. Fue una de esas decisiones tácticas que parecen razonables hasta que uno recuerda que todo alrededor está intentando matarlo.
Uno de nosotros quedó bajo los efectos de shock y locura temporal. En medio de eso se confirmó que el ataque había sido de Delerion —o “De Lerio”, según cómo se oyera en el caos—, y seguimos concentrando golpes contra el bicho. Le pegamos varias veces. Uno de los ataques dio de lleno y lo expulsó hacia atrás unas veinte piedras. El bicho cayó, empezó a desarmarse y el suelo comenzó a retumbar debajo de nosotros. Se discutió si todavía se lo podía atacar o agarrar, pero al final murió, que simplificó bastante la discusión.
Después apareció una bomba de pinta. No sé quién la había dejado ahí ni por qué todo en esa mansión tenía tendencia a explotar, pero la cuestión era que, si detonaba cerca de los esqueletos, les hacía daño y además anulaba los efectos de expulsión. Así que seguimos avanzando y atacando a distancia, principalmente con rayos de fuego. Delerion falló su primer intento sacando un 1, porque incluso los hechiceros tienen días en los que el universo les pide humildad.
Al comienzo de otra ronda, un cadáver explotó. Nos quemó y, además, inundó el lugar. No fue una complicación menor, pero para ese momento ya estábamos peleando entre esqueletos, explosiones y agua, así que simplemente continuamos. Varka —si fue Varka, porque la identificación seguía siendo más una sugerencia que una certeza— lanzó un ataque que hizo unos 27 puntos de daño y dejó a uno de los enemigos muy malherido.
También empujamos a un bicho para que cayera en unas trampas o, por lo menos, para alejarlo de una explosión inminente. La diferencia entre una maniobra táctica y tirar algo a cualquier parte suele depender de si sobrevive después. En este caso, el bicho terminó muriendo, así que decidimos considerarlo una maniobra táctica.
Cuando por fin pudimos seguir explorando, encontramos un túnel estrecho. Había rastros de tumbas y droga de Severino, lo cual ya era una combinación bastante poco tranquilizadora. Avanzamos por ahí y escuchamos dos voces. Una era la de un anciano que reconocimos. La otra era inconfundiblemente la de Severino. Estaban hablando sobre el alto sacerdote y sobre planes futuros, aunque no parece que esos planes fueran a mejorar nuestra situación.
También salió el asunto de los núcleos. El amigo Stixx Ernesto tenía uno funcional y había otro dañado, así que se planteó una negociación con Severino. No fue exactamente una charla cordial, pero después de la pelea anterior cualquier conversación que no incluyera fuego podía pasar por diplomacia.
Más adelante encontramos pergaminos antiguos, libros bastante complejos y el núcleo del oríano. No puedo decir que entendiéramos todo lo que habíamos encontrado, pero al menos dejamos de romper cosas durante unos minutos, que ya era progreso.
Al final, después de superar los túneles, las trampas, los esqueletos, las explosiones y la puerta que se negó a existir para nosotros, determinamos que teníamos que dirigirnos hacia el norte. Por ahí estaba la salida de la mansión. O el jefe. A esa altura, sinceramente, cualquiera de las dos opciones parecía probable.
Lo primero que hicimos fue revisar las paredes. Estaban cubiertas de símbolos y frescos que mostraban soldados y escenas militares bastante antiguas. Martita intentó interpretar las ilustraciones con una tirada de Historia y logró sacar algo en limpio: parecían estar relacionadas con un imperio antiguo, aunque no quedó del todo claro si era Eloria o Cobol. La precisión histórica no fue nuestro fuerte ese día.
Mientras seguíamos mirando, empezaron a escucharse voces que susurraban por la estancia. Al principio no formaban frases claras, así que intentamos descifrar el idioma. Fracasamos, naturalmente. Después las voces adoptaron un tono más militar y empezaron a dar órdenes, lo que hizo que Facundo cerrara la puerta para evitar que entraran los “guiles”.
También discutimos dónde estábamos exactamente y si aquellos frescos se parecían a otros que habíamos encontrado en los túneles de los contrabandistas. La conclusión más razonable fue que se trataba de un registro militar antiguo del Reino del Sur, posiblemente Eloria. Hasta ahí, todo bastante educativo, salvo por el detalle de que las paredes estaban hablando.
El problema fue que la puerta no llegó a cerrarse bien. En algún momento alguien —entre Cobol, Facundo y una acción que involucraba poner una adrilla ahí o romper algo, según cómo se reconstruya el asunto— terminó bloqueándola. Una solución técnicamente poco elegante, pero coherente con el resto de la expedición. Poco después aparecieron figuras conocidas en la zona, y la situación dejó de parecer una visita guiada a unas ruinas.
El combate empezó alrededor de una Mano de Mago, porque aparentemente esa era la mejor forma de inaugurar una pelea con espectros. Tiramos iniciativa, nos desplegamos como pudimos y empezamos a atacar a las entidades. Hubo expulsiones, fuego y escarcha, además de bastante tiempo calculando cuánto daño había recibido cada fantasma. Algunos quedaron muy maltrechos, que en términos prácticos significaba que todavía seguían siendo un problema, pero uno más frágil.
Delerion se acercó a analizar la consistencia de los fantasmas, incluyendo si tenían resistencia al veneno. No sé si era el momento más seguro para ponerse a estudiar anatomía espectral, pero al menos después aprovechó la cercanía: lanzó fuego contra uno de ellos y lo dejó fuera de combate. Una investigación con resultados bastante definitivos.
Mercian, por su parte, atacó a otro fantasma con la ballesta y consiguió aplicarle efectos negativos, incluyendo daño psicológico y penalizaciones a sus tiradas. No sé cómo se explica eso desde la balística, pero en ese momento nadie pidió una clase de física.
Una vez que el combate quedó encaminado, empezamos a discutir si convenía avanzar hacia el norte. También apareció la posibilidad de que hubiera una trampa relacionada con la Mansión, porque aparentemente en nuestra campaña avanzar en una dirección nunca puede ser simplemente avanzar en una dirección. Quedó todo en discusión, con los espectros derrotados o muy cerca de estarlo y nosotros intentando decidir cuál de las próximas malas ideas era la menos mala.
La misión empezó, como suelen empezar estas cosas, con una discusión sobre si teníamos que apurarnos o perder tiempo tomando decisiones. Había una urgencia relacionada con Matías y Mersion, o algo por el estilo, y la duda era si íbamos directo a la mansión o si aprovechábamos para encontrarnos con Severino —también llamado Ceverino, porque evidentemente hasta los nombres podían venir con variantes—.
La otra opción era atacar a Severino de frente. No era un plan especialmente sutil, pero al menos era fácil de entender. El problema era el camino, porque podía aparecer un esqueleto gigante, y aparentemente eso se consideraba un inconveniente. Además, teníamos la orden específica de buscar a Petro y traerlo con nosotros antes de que llegara alguien más, así que tampoco podíamos dedicarnos a pasear indefinidamente por la zona.
En algún momento surgió la idea de sabotear el portal y, al mismo tiempo, atacar a Severino. Era una estrategia bastante ambiciosa para un grupo que todavía estaba intentando decidir por qué puerta pasar. Para evitar comprometernos sin saber dónde estábamos metiéndonos, decidimos que Martita explorara primero, mostrara el mapa y nos permitiera tomar una decisión más informada. Una excelente teoría. Después había que ver cómo nos iba con la parte de informarnos.
Exploramos dos puertas mágicas. Las dos parecían igual de posibles, o tenían algún tipo de efecto mágico que no terminábamos de interpretar. Finalmente elegimos la de la izquierda, que es el tipo de decisión que uno toma cuando no tiene una razón sólida para elegir ninguna de las dos.
Del otro lado encontramos una cámara que parecía una mezcla de sala de tortura y cementerio. Había restos humanos y varios conjuntos de huesos repartidos por el lugar. En el centro brillaban unas runas antiguas que formaban un conjuro destinado a levantar muertos. No era exactamente una decoración acogedora.
La conclusión general fue que algo había sido liberado desde ese lugar antiguo, aunque no encontrábamos otra vía de entrada conocida. Así que teníamos una habitación llena de huesos, runas para levantar muertos y la sospecha de que algo había salido de ahí. No sé qué más necesitábamos para decidir que era una mala zona, pero por suerte no nos quedamos demasiado tiempo.
También intentamos recordar si Severino había tenido alguna conversación previa con alguien del grupo sobre desconfianza o inconformidad. La idea era entender mejor qué estaba pasando con él antes de aparecer de golpe en su posición y empezar a pegarle. No recuerdo que esa investigación nos haya aclarado demasiado, aunque sí sirvió para prolongar la discusión.
Después volvimos a evaluar las opciones. Podíamos ir a la mansión, conseguir el plano feérico si aparecía, o teletransportarnos directamente hasta la zona de Severino. La mansión implicaba recorrer el camino y exponernos a todo lo que hubiera en el medio. El plano feérico dependía de conseguirlo. Así que, por eliminación y por una confianza bastante cuestionable en la magia, la mayoría se inclinó por teletransportarnos directamente y tratar de neutralizar a Severino antes de que pudiera reaccionar.
Delerion, Varka y Stixx Ernesto discutieron los preparativos. Había que tener en cuenta conjuros como *Silencio*, además de la posibilidad de usar trampas o ilusiones, incluyendo *Alterar el propio aspecto*, para entrar con alguna clase de ventaja. Stixx, que era un kobold rogue, también podía encargarse de acercarse sigilosamente. En teoría, el plan era sorprender al nigromante y evitar una pelea larga y peligrosa. En eso, por lo menos, fuimos bastante coherentes.
Inicio del combate
Nos teletransportamos hasta Severino y, contra todo pronóstico, logramos la sorpresa. El combate empezó casi de inmediato. Stixx Ernesto atacó al nigromante desprevenido y consiguió un golpe crítico con ataque furtivo. El resultado fue de alrededor de ochenta puntos de daño.
Ochenta.
Después de todas las discusiones sobre la mansión, el portal, Petro, el esqueleto gigante, las runas para levantar muertos y las distintas formas de no morir durante el trayecto, el kobold apareció de la nada y le sacó unos ochenta puntos de vida a Severino de un solo golpe. El combate fue corto. La estrategia de teletransportarnos y pegar primero, que durante bastante rato había parecido una idea peligrosa y medio improvisada, terminó funcionando bastante mejor de lo que merecía.